Pregúntale a la mayoría de los dueños de negocio quién es responsable de su sitio web y obtendrás una de dos respuestas: "la persona que lo construyó" (con quien no han hablado en un año) o un encogimiento de hombros. Ese vacío es la razón por la que tantos negocios rediseñan cada tres o cuatro años en lugar de mantener el sitio de forma continua: nadie fue responsable de lo que pasó en el medio.
Qué significa realmente "ser responsable" de un sitio web
- Alguien sabe que existen las credenciales de acceso, dónde están guardadas, y puede entrar en cinco minutos.
- Alguien recibe un aviso cuando la plataforma, los plugins o las dependencias necesitan actualizarse, y eso realmente sucede según un calendario.
- Existe una copia de seguridad, y alguien confirmó (no asumió) que se puede restaurar.
- Los cambios de contenido (un precio nuevo, una foto nueva del equipo, una oferta de temporada) no requieren encontrar al desarrollador original.
Nada de eso es complicado. Es una lista de tareas, asignada a una persona, revisada según un calendario. La mayoría de los pequeños negocios nunca escriben esa lista, así que todo depende de que alguien se acuerde, lo cual es lo mismo que no existir.
Dónde realmente se rompe el proceso
El punto de falla casi siempre es la entrega. Un desarrollador construye un sitio, lo lanza, y pasa al siguiente cliente. El dueño del negocio ahora es responsable de un sistema que no construyó y para el que nunca fue capacitado. Seis meses después algo se rompe, y la primera llamada es "¿puedes revisar esto?", seguida de una carrera por recordar quién tiene acceso a qué.
La solución es decidir, desde el lanzamiento, quién hace qué y con qué frecuencia, por escrito. Para muchos negocios esa persona no está en la plantilla, y no necesita estarlo. Solo necesita ser alguien responsable de forma recurrente, en lugar de un contacto de emergencia al que se llama una vez al año en pánico.